MI BIOGRAFIA

lunes, 17 de noviembre de 2008

NACIDOS PARA SER LIBRES

Podemos asociar la libertad al hecho de tenerla o estar privado de ella, a estar o no entre rejas. Realmente existen muchas cárceles que fabricamos nosotros mismos y que son peores que estar en prisión.

Una de las peores cárceles es el miedo en sus distintas formas: miedo a hacer el ridículo, a engordar, a no estar a la moda, a perder el prestigio, a llegar a viejo, a quedarse calvo, a la soledad, al rechazo, al «qué dirán», a no poder guardar las apariencias y muchos otros.

Si quieres tener libertad, ésta te costará la máscara que llevas puesta, la máscara que te hace sentir tan cómodo y tanto cuesta desechar, no porque se te adapte muy bien sino porque la has llevado durante mucho tiempo. La libertad es la total ausencia de preocupación por ti mismo, una falta de preocupación que se logra cuando la mayor parte de la energía apresada dentro de nosotros es puesta en libertad.

Esta energía sólo se libera cuando ponemos límites al elevado concepto que tenemos de nosotros mismos, de nuestra importancia, una importancia que sentimos que no debe ser violada ni objeto de burlas; el precio de la libertad es muy alto. La libertad sólo puede alcanzarse cuando se sueña sin esperanza, cuando se está dispuesto a perderlo todo, incluso los sueños. El soñar sin esperanzas, el luchar sin ninguna meta en mente, es para algunos la única manera de mantenernos a la altura de la libertad..

Cuando no se tiene nada que perder, se es libre por completo, y cuando no preocupa la propia importancia, se tiene libertad. Se tiene un propósito, se vive en júbilo, y uno espera que el mundo sea un lugar divino donde amar a los otros. En realidad está creando de nuevo su mundo con su recién hallada libertad y a uno ya no le obsesiona obtener el crédito de nadie.

Un momento donde...

nuestra mirada se escapa para ver el paisaje, a sentir el infinito del cielo que se confunde con el horizonte, fusionando la tierra con el cielo, es un momento donde sentimos la eternidad y somos parte de ella. Nuestra mirada nos lleva a perdernos, a ser absorbidos por lo ilimitado, a entrar en un lugar sin tiempo, sin preocupaciones. Es un lugar donde el éxtasis de simplemente ser nos inunda. Es en este momento que cada persona, aunque sea por un instante, se siente libre. Aquí no existe el temor, la crítica, la culpa o la inseguridad; hemos entrado en un lugar llamado «esencia verdadera», es nuestra esencia divina. Encontrar este tesoro perdido que somos nosotros no es fácil, requiere que deseemos ser verdaderamente libres. Esta libertad vale más que cualquier cosa. Es algo invaluable, es lo que realmente determina nuestro éxito porque nos trae la claridad de quien somos y hacia donde nos debemos dirigir en nuestras acciones y deseos. Sin embargo requiere de disciplina para buscar y dedicar el tiempo diario para encontrar. Requiere percibir si hay obstáculos en el camino que impiden este logro y que busquemos las herramientas para desenterrar ese esencia verdadera de nuestro ser.

En este tiempo de tantos cambios donde las personas corren de un lado a otro queriendo hacer tanto, en un tiempo donde el materialismo en muchos tomar el lugar de Dios en sus corazones, motivándolos a estar inconformes, a juzgar y compararse a otros; es necesario detenernos a meditar sobre qué es lo que más valoramos y que realmente produce felicidad. Para esto es necesario apartarnos del bullicio diario, tomar el tiempo para meditar en silencio, ponernos en contacto con la naturaleza, con Dios y con nuestra esencia interna. Esto solo se logra apartándonos, despejando nuestra mente y proponiéndonos hacerlo diariamente.

La potencia interna solo se alcanza dedicando tiempo a este ejercicio de silencio espiritual. Es en estos momentos que logramos creer y percibir que nada es imposible, que lo que necesitamos es dirigir nuestra atención y esfuerzo correctamente para atraerlo. A veces no se puede lograr este estado de silencio porque hay demasiadas cosas obstaculizando la manifestación de nuestra esencia verdadera. Los complejos, las heridas emocionales, la falta de perdón, son todos factores que impiden lograrlo.

Cuando buscamos el resultado es que encontramos. Al llamar, se nos responde. Y al tocar se nos abre la puerta el entendimiento de quienes somos. El resultado y la importancia de este descubrimiento es que logramos entender el propósito por el cual nacimos, el gran potencial que tenemos para crear las cosas y para desatar el caudal de fe para creer que las cosas son posibles. Sentimos también la certeza de que valemos. Es en este momento que recibimos paz y nos sentimos felices. En nosotros se desarrolla un amor incondicional, nos enamoramos de Dios, de nosotros mismos, de la vida y de cada persona que al igual que nosotros cree y ama.

Dentro de cada persona late un «ser» como ningún otro, especial y maravilloso. Este «ser» aguarda su manifestación, anhela ser descubierto par poder salir a la luz y ser visto.Depende de ti anhelarlo, amarlo y estar dispuesto a buscarlo incansablemente hasta que día a día tome su lugar dentro de ti, disipando las dudas, los temores, las inseguridades, los complejos y las malas costumbres con la certeza de quien es y de su inmenso valor.

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