MI BIOGRAFIA

jueves, 6 de noviembre de 2008

¿QUIÉN ES NUESTRO MAESTRO?


Cuántas veces hemos tenido la sensación de estar solos en nuestro camino, en nuestro viaje, y cuantas veces hemos echado de menos al maestro para preguntarle tantas cosas... o simplemente para llorar, porque estábamos cansados y nos sentíamos perdidos.

Cuántas veces nos dijeron, cuántas leímos que no estamos preparados, que cuando el discípulo está listo aparece el maestro. Acaso nos preguntamos ¿los maestros ya no andan entre nosotros? ¿Se acabaron y tenemos que caminar solos sin ayuda, sin guía? La buena noticia es que siguen aquí con nosotros; y a lo mejor pensamos: ¡ claro !... sí está Swami no sé qué, Gurú no sé cuanto, la encarnación viviente de Dios, Sai del más allá.

No, yo no hablo de estos guías, no hablo de maestros con túnicas y turbantes, ni maestros en Rolls Roys y en palacios, yo hablo del MAESTRO, del Maestro que tiene la misión de guiar a un discípulo, de ése hablo, del Maestro Interior que se encarnó físicamente, del Maestro que no tiene escuela, ni multitud de adeptos y que tampoco le hace falta tenerlos.

Pues sí, los maestros aún están con nosotros y... ¿cómo son?. Pues gente normal de carne y hueso, gente con la que te puedes cruzar por la calle y no verla pero que allí están siempre. Pueden parecerse a un actor o al panadero de la esquina, pero sus ojos lo dicen todo, personas que escriben libros o que simplemente te enseñan, que huyen de las alabanzas de las masas y de las grandes convenciones.

Maestros que jamás te pedirán obediencia, a los que nunca les llamarás Maestros (porque no te das cuenta que lo son), Maestros llenos de amor y de paciencia infinita, que hacen el camino contigo aunque él esté más allá de las estrellas, que cuando eres ciego y sordo y no te enteras de nada, sólo callan. Cuando cometes un error no dicen: “ves ya te lo dije”, solo esperan amorosamente, y cuando triunfas en algo dicen: “disfrútalo, mas no te envanezcas”.

Maestros que te insinúan: “va siendo hora que cruces esa puerta” y tú que siempre dudas y todo lo ves difícil dices: ”No, ni lo pienses, eso me duele y tengo miedo” y él te mira con toda la comprensión del mundo y dice: Bueno como quieras ya lo harás en otra oportunidad; y tú que eres rebelde hasta la médula y que sabes que si no es ahora, nunca será, dices: “pues, ahora lo voy a hacer”; y cruzas esa puerta, no antes sin volver a mirar atrás, y ahí está él, sonriéndote y dándote confianza.

Maestro que te habla en un idioma que entiendes. Maestro que jamás te mentirá, que te hace ver la vida de otra manera, que no desespera ante tus rabietas. Maestro que un día te dice: “ya eres mayor de edad” y empieza a tratarte de otra manera y tú te sorprendes de lo serio que lo dice, y te das cuenta que todo lo que te dijo anteriormente tenía sentido. Maestro al que agarras de la mano fuertemente, porque te tiemblan las piernas y te conduce por dimensiones desconocidas. Maestro con el que seguirás discutiendo, porque te vuelve loco, y le dices: “déjame en paz”. Maestro al que le haces una y mil preguntas, una y otra vez.

Maestro que pone en tu camino a las personas adecuadas para tu iniciación, y cuando el día se acerca, te sientes la más sola de las personas porque no hay multitudes que te acompañen, y piensas: “me dejó solo, ni siquiera tengo un templo donde estar”, pero vas a esa iniciación, aún sin saber lo que te espera, lleno de temor y cuando todo pasó y vuelves a casa, tú, que además hace tiempo no lo ves, te encuentras con una carta que te dice: “bienvenido a tu mayoría de edad. ¿Cómo te sentiste solo, cuando fuiste el más acompañado? y lloras de alegría, de emoción y desconcierto, ¿cómo lo sabia él?. Ni si quiera te habías dado cuenta que todo fue preparado por él, y cuando tomas consciencia sigues leyendo y te dice: “en tu trabajo y en tu caminar toda una corte celestial te acompaña, no lo olvides”. Cuando lo vuelves a ver, se te atropellan las palabras y quieres contárselo todo, lo miras y notas un cambio en él -que no es real-, es tu cambio, pero aún no lo sabes, lo ves con otra mirada, con un respeto distinto, entonces te acuerdas que un día le dijiste “¿ por qué no estuviste antes conmigo?” Y sonriéndote te contesta: “yo siempre estuve aquí, quien no me había visto, eras tú”. Ahora al recordarlo te da risa por lo cierto de sus palabras.

Maestro que jamás te dice:”tal persona es mala”, porque él es todo bondad. Maestro al que a veces tú quieres proteger, por que ves en sus ojos todo el dolor que siente por el mundo. Maestro que te respeta tanto que si un día le dices: “no vuelvas más”; no volverás a verlo. Maestro al que debes muchas cosas, aunque él te diga que todo el mérito es tuyo. Maestro, tu amigo, al que nunca podrás agradecer todo lo que hizo por ti.

Que por amor a él sólo puedes decir: “Maestro es aquel que enseña respetando tu libertad”

Jamás preguntes ¿dónde está? o ¿quién es?. Porque no vale la pena hacerlo, es sólo un Maestro.

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