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martes, 14 de octubre de 2008

NUESTROS ESTADOS INTERNOS


¿Recuerdas alguna ocasión en que te levantaste «de buen humor»?, Tal vez te diste cuenta, que sin saber como, se te facilitaba resolver algunos problemas que parecían enormes. Quizá en tus trabajos veías que los obstáculos que normalmente eran un dolor de cabeza, se convertían en un juego de niños. Al terminar el día, tal vez implorabas al cielo que mañana fuese un día igual, temiendo que ese estado no apareciera otra vez. ¿Cómo identificamos lo que llamamos «buen humor»? . Pues, es simplemente un estado interno, como también lo es la rabia, la alegría, el éxtasis, la tristeza, el amor, etc.

Ahora, ubícate en tu infancia o adolescencia, ¿recuerdas algún examen en el que, pese a saber todas las respuestas, entraste en un estado de bloqueo que te impedía acceder a ellas? Es posible que sí, y lo más curioso de todo es que, una vez pasado el examen, -como por arte de magia- comenzaban a aparecer en tu mente una a una todas las respuestas olvidadas. ¿Qué impedía acceder a esas respuestas que sabías que estaban guardadas ahí?. La respuesta de nuevo es: el estado interno, pues mientras estabas en el examen, es probable que te encontraras en un estado de miedo, tensión, preocupación o ansiedad; mientras que una vez fuera del examen, accedías a un estado más relajado, de confianza o de dominio de la situación.

Lo anterior nos lleva a preguntarnos ¿Cómo creamos nuestros estados internos?: Lo hacemos combinando diferentes factores:

1.Las representaciones internas. Lo que vemos mentalmente y la manera en que lo vemos; lo que nos decimos y oímos y la manera en que lo escuchamos. Dicho de otra forma, lo que creemos en ese instante lo convertimos en nuestra realidad.

2.La fisiología. La postura, la respiración, el movimiento corporal, los gestos, la tensión / relajación muscular. Es el estado externo que manifiesta nuestro cuerpo de acuerdo a lo que estamos sintiendo en ese momento.

3.La conducta. Verbal: lo que se dice; o Física: las acciones. La forma que reaccionamos ante estos estímulos originados en nuestro pensamiento.


Si nuestro estado interno en ese instante nos pone a manejar nuestros mejores recursos, eso influirá positivamente en nuestra manera de actuar, pero si por el contrario, nuestro estado interno se acerca a la «pobreza de recursos», es muy probable que obtengamos una experiencia muy diferente a la deseada.


Todavía hoy, se extiende la idea de que el ser humano no puede controlar sus propias emociones. Un catedrático universitario responsable de elaborar importantes proyectos educativos para la comunidad, decía: “Tengamos cuidado con el compromiso que adquirimos en estos proyectos, he visto hombres y mujeres que se comprometen sinceramente a cumplir una función, y pasado un tiempo se echan para atrás. He notado que la sinceridad está a expensas del estado de ánimo. Un día te dicen «sinceramente quiero y puedo hacerlo», y otro día «sinceramente ya no quiero y no puedo hacerlo»”.


Las aportaciones que ha hecho la Programación Neurolingüística
en la conducción de estados emocionales, nos ha llevado a conocer cómo aumentar el control voluntario de nuestros estados internos, y ser responsables de los mismos, de esta forma comenzamos a asumir aquello que realmente queremos hacer, incrementando en nosotros la fuerza de voluntad. Así mismo reducimos el estado de frustración que nos embarga, al no poder cumplir con aquello que nos propusimos y que se refleja como una falta de compromiso con nosotros mismos y con los demás.

Asumir el poder de dirigir nuestros estados internos, nos permite amplificar las posibilidades de conseguir nuestros objetivos. Pero, ¿Cómo puedo controlar mi estado interno para que me ayude a conseguir lo que quiero?: Existen muchas maneras de conseguirlo, sin embargo, veremos en por ahora un solo ejemplo que nos ayudará en este proceso. Lo llamaremos:

«Haz como si...»

Cuando quieras hacer algo que desees en algún momento, y parece que “no puedes”, intenta lo siguiente:

1.Sitúate en la postura corporal que adoptarías si tuvieras el dominio de la situación.

2. Respira ahora como lo harías si estuvieras tranquilo.

3. Pon la expresión de tu cara como si ya estuvieras haciendo lo que deseas.

4. Habla en un volumen y tono de voz coherente con el estado alcanzado. (ya sea hablando interna o externamente)

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