MI BIOGRAFIA

jueves, 3 de diciembre de 2009

EL ESTRÉS TE HACE SENTIR IMPORTANTE


En la vida de la sociedad actual, hay muchos factores estresantes: la presiones del trabajo, las situaciones familiares, de pareja, las pérdidas que sufrimos, hasta las vacaciones que deberían ser para el relax y descanso, las convertimos en tensiones. Y es que no se podría concebir la sociedad como tal sin el estrés.

Sería conveniente, sin embargo, definir esta palabra tan de moda. La palabra Estrés se deriva del griego stringere, que significa provocar tensión. Esta palabra se utilizó por primera vez en el siglo XIV y a partir de entonces se empleó en diferentes textos en inglés como stress, stresse, strest y straisse.

En forma simplista, el estrés es a veces definido como una condición meramente muscular: "es una rigidez o endurecimiento de los músculos y del tejido conjuntivo que excede del tono necesario para su funcionamiento normal". Sin embargo es mucho más que eso. El estrés es una respuesta importante. El Dr. en medicina Hans Selye, pionero en las investigaciones sobre el estrés, lo define como "una respuesta corporal no específica ante cualquier demanda que se le haga al organismo (cuando la demanda externa excede los recursos disponibles). Esta respuesta es parte normal de la preparación del organismo para el enfrentamiento o para la huida. Así, por ejemplo, las pupilas se agrandan para mejorar la visión y el oído se agudiza, los músculos se tensan para responder al desafío, las frecuencias cardiaca y respiratoria aumentan de manera que la sangre es bombeada en forma más abundante y rápida para aumentar la llegada de oxigeno a las células y favorecer la demanda de las respuestas al peligro. Para ello la sangre es dirigida a áreas prioritarias, como lo son corazón, pulmones, riñones, hígado, músculos grandes y el cerebro. Funciones no prioritarias en ese momento, como la digestión y circulación periférica son disminuidas en forma dramática.

En línea con la anterior definición, la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) postula que el estrés es "el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara al organismo para la acción". Para Richard Lazarus (1966) sería "el resultado de la relación entre el individuo y el entorno, evaluado por aquél como amenazante, que desborda sus recursos y pone en peligro su bienestar".

Sin embargo ese peligro en el bienestar sucede cuando el estrés está en nuestra vida de manera sistemática y perdurable, si no fuese así, el simplemente nos aporta el estímulo para reaccionar ante una situación.

Ahora bien,

existen personas que utilizan este tan nombrado “mal” social para sentirse importantes…Si así como ve!,.. El estrés, no sólo está de moda, sino que puede ser utilizado para sentirse más importante que los demás. Y ¿cómo usted puede lograr esto?...¿Qué hacer para que el estrés lo haga sentir importante?.

Veamos un ejemplo:

Usted tiene una empresa y la quiere proyectar a como dé lugar, entonces no le diga que no a nada, láncese a todo lo que le propongan y por supuesto, empezará por sentirse maravillosamente estresado. Utilice esta sensación para constantemente decirle a los demás cuanto estrés tiene, haciendo notar evidentemente que usted es mas importante que ellos, que su tiempo es oro, que el de los demás no importa. No escuche a nadie, solo a si mismo, eso hará que sólo se haga lo que usted dice y por lo tanto las demás personas comenzarán a verlo con desprecio,… ¡pero tranquilo!..Eso se arregla; usted hablará luego con ellas y las convencerá por un tiempo más de que son valiosas, aun cuando realmente no sienta el más mínimo respeto por ninguna. Recuerde…usted es importante y tiene que mantener esa posición frente a los demás. Este estado de tensión constante lo provee de aparentemente más energía, ya que el estrés, igual que la cafeína, estimula al organismo y es entonces cuando querrá hacer más cosas y por ende exigirá a sus asociados o empleados que hagan tal como usted…¡No hay tiempo para flojos!...El tiempo es oro. En ese momento no existe nadie mejor que usted…

El problema comenzará cuando su organismo, luego de haber desbordado sus recursos constantemente, colapse…y entonces todo lo aparentemente importante para usted, deja de serlo, ya ni usted es importante, es sólo un enfermo mas. De nada sirvió todo lo que hizo, lo único que consiguió fue destruirse y arrastrar a varios de sus congéneres consigo.

Este es un ejemplo como muchos que podría exponer, donde las actitudes que asumimos nos llevan a tener este aparentemente gran mal, que podríamos haber evitado con tan solo una elección nuestra. Las cosas en la vida no nos llegan por el esfuerzo que hacemos, ni por lo importantes que somos, nos vienen equilibradamente cuando disfrutamos de todo cuanto tenemos en nuestro entorno.

El grado de estrés que hay en tu vida no es consecuencia de lo que ocurre a tu alrededor sino más bien del modo en que tú reaccionas ante los acontecimientos. Obsérvate y comprenderás hasta qué punto tus reacciones reducen o aumentan este estrés.

Reconoce que sólo tú puedes cambiarte a ti mismo, no a otras personas. Muchas veces se gasta mucho tiempo y energías intentando cambiar a la pareja, a los hijos, a los amigos, a los familiares... Queremos que sean diferentes, o que actúen de determinada manera. Cuando estos cambios no ocurren, uno se siente frustrado, tenso y triste. Es importante ser consciente de que nadie tiene el poder de cambiar a otro. Cuando la gente cambia es, generalmente, porque ellos quieren hacerlo.

Para cambiar lo que se pueda cambiar primero debes identificar las causas: ¿qué te produce mayor enojo? y ¿qué situación te hace sentir ansiedad, nervios o miedo?. Intenta prevenir esas situaciones antes de que ocurran.

1.- Comparte tus pensamientos y tus sentimientos. Generalmente, hablar con otras personas ayuda bastante, quizás con un miembro de tu familia, un amigo, un compañero de trabajo o alguien que pueda ayudarte a ver tus problemas desde una óptica diferente. Además, también ayuda ver que a los otros, a veces, les pasan cosas similares.

2.- Intenta resolver tu problema con quien lo tengas, si ello es posible. Puede parecerte obvio, pero muchas veces estás enfadado con alguien y se paga con otros sin darse cuenta.

3.- Aprende a expresar tus rabias y otros sentimientos negativos sin herir a los demás. A veces es inevitable estar enfadado, pero en ese caso trata de decir "estoy molesto", en lugar de "siempre haces que me moleste". Agredir a otros con palabras sólo trae como resultado que esas personas se sientan atacadas, lo cual, en lugar de ayudar, dificulta la resolución del conflicto.

4.-No te obsesiones ni desesperes por lograr muchas cosas en tu vida. Trázate metas pequeñas, una por una, de tal forma que puedas realizarlas mas fácilmente, eso contribuirá a que disfrutes de lo que haces y sientas que todo salga sin tanto trabajo. El esfuerzo desmedido refleja tu temor a no lograr esas metas que tanto anhelas y por supuesto acrecienta tu condición de estrés.

Es probable que estos pequeños consejos contribuyan a reducir en algo tu estrés, sin embargo, es muy importante que recuerdes…el estrés no te hace importante, eres valioso desde que naces,... hasta sin estrés.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

LA OSCURA NOCHE DEL ALMA (O EL SALTO AL VACIO)

En el proceso del despertar de la conciencia, como en todas las iniciaciones, pasamos por lo que algunos llaman, la noche oscura del alma, o lo que en mi caso llamaría, atravesar un desierto; como sea que lo llamemos, hemos dado un "salto al vacío". En este punto, sólo nos queda aferrarnos a nuestro centro, mantener el norte, aunque no sepamos cómo dirigirnos hacia él, y a pesar de nuestra angustia, dudas y miedos, sólo queda entregarse... morir a nuestros viejos esquemas, para así permitir el florecimiento de lo nuevo; al igual que en los procedimiento alquímicos para que se dé la trasmutación del metal, primero ha de pasar por la putrefacción.

Pero, ¿cómo morir concientemente?, ¿cómo entregarnos?, ha de ser desde el corazón! Sin embargo como llegar hasta él!; se nos ha enseñado el camino de la mente, pero el del corazón?, entre mas "pensemos " más nos perdemos, quedando presos de nuestros miedos, a merced de la inercia, que intenta llevarnos a nuestro estado anterior "más cómodo, conocido y aparentemente seguro", entonces se desata una lucha interior, hay que dar el paso y no sabemos cómo, al final tras nadar en contra de la corriente estamos agotados; el morir-renacer desde el corazón, es por el contrario un proceso fácil, no implica lucha sólo entrega..., no es resistencia, es flexibilidad...

Hace falta mirarnos en nuestra justa dimensión, re-conocernos en nuestro dolor (que es fuego trasmutador ), sincerarnos con humildad y responsabilidad (que es amor), permitir el desintegrarnos, llorar lo que sea necesario y sobretodo, confiar, el fuego del dolor a la luz del amor es la alquimia de la conciencia...

sábado, 5 de septiembre de 2009

AMAR A UN SER HUMANO

Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas; contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías, su dolor y sus anhelos; es comprender que detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano amiga, sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa; es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive son el producto de su ignorancia y su inconsciencia, y darte cuenta de que si genera desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido, que no puede confiar ni siquiera en sí mismo; es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la vida.

Amar a un ser humano es brindarle la oportunidad de ser escuchado con profunda atención, interés y respeto; aceptar su experiencia sin pretender modificarla sino comprenderla; ofrecerle un espacio en el que pueda descubrirse sin miedo a ser calificado, en el que sienta la confianza de abrirse sin ser forzado a revelar aquello que considera privado; es reconocer y mostrar que tiene el derecho inalienable de elegir su propio camino, aunque éste no coincida con el tuyo; es permitirle descubrir su verdad interior por sí mismo, a su manera: apreciarlo sin condiciones, sin juzgarlo ni reprobarlo, sin pedirle que se amolde a tus ideales, sin exigirle que actúe de acuerdo con tus expectativas; es valorarlo por ser quien es, no por como tú desearías que fuera; es confiar en su capacidad de aprender de sus errores y de levantarse de sus caídas más fuerte y más maduro, y comunicarle tu fe y confianza en su poder como ser humano.

Amar a un ser humano es atreverte a mostrarte indefenso, sin poses ni caretas, revelando tu verdad desnuda, honesta y transparente; es descubrir frente al otro tus propios sentimientos, tus áreas vulnerables; permitirle que conozca al ser que verdaderamente eres, sin adoptar actitudes prefabricadas para causar una impresión favorable; es exponer tus deseos y necesidades, sin esperar que se haga responsable de saciarlas; es expresar tus ideas sin pretender convencerlo de que son correctas; es disfrutar del privilegio de ser tú mismo frente al otro, sin pedirle reconocimiento alguno, y en esta forma, irte encontrando a ti mismo en facetas siempre nuevas y distintas; es ser veraz, y sin miedo ni vergüenza, decirle con la mirada cristalina, "este soy, en este momento de mi vida, y esto que soy con gusto y libremente, contigo lo comparto... si tú quieres recibirlo".

Amar a un ser humano es disfrutar de la fortuna de poder comprometerte voluntariamente y responder en forma activa a su necesidad de desarrollo personal; es creer en él cuando duda de sí mismo, contagiarle tu vitalidad y tu entusiasmo cuando está por darse por vencido, apoyarlo cuando flaquea, animarlo cuando titubea, tomarlo de las manos con firmeza cuando se siente débil, confiar en él cuando algo lo agobia y acariciarlo con dulzura cuando algo lo entristece, sin dejarte arrastrar por su desdicha; es compartir en el presente por el simple gusto de estar juntos, sin ataduras ni obligaciones impuestas, por la espontánea decisión de responderle libremente.

Amar a un ser humano es ser suficientemente humilde como para recibir su ternura y su cariño sin representar el papel del que nada necesita; es aceptar con gusto lo que te brinda sin exigir que te dé lo que no puede o no desea; es agradecerle a la vida el prodigio de su existencia y sentir en su presencia una auténtica bendición en tu sendero; es disfrutar de la experiencia sabiendo que cada día es una aventura incierta y el mañana, una incógnita perenne; es vivir cada instante como si fuese el último que puedes compartir con el otro, de tal manera que cada reencuentro sea tan intenso y tan profundo como si fuese la primera vez que lo tomas de la mano, haciendo que lo cotidiano sea siempre una creación distinta y milagrosa.

Amar a un ser humano es atreverte a expresar el cariño espontáneamente a través de tu mirada, de tus gestos y sonrisas; de la caricia firme y delicada, de tu abrazo vigoroso, de tus besos, con palabras francas y sencillas; es hacerle saber y sentir cuánto lo valoras por ser quien es, cuánto aprecias sus riquezas interiores, aún aquellas que él mismo desconoce; es ver su potencial latente y colaborar para que florezca la semilla que se encuentra dormida en su interior; es hacerle sentir que su desarrollo personal te importa honestamente, que cuenta contigo; es permitirle descubrir sus capacidades creativas y alentar su posibilidad de dar todo el fruto que podría; es develar ante sus ojos el tesoro que lleva dentro y cooperar de mutuo acuerdo para hacer de esta vida una experiencia más rica y más llena de sentido.

Amar a un ser humano es también atreverte a establecer tus propios limites y mantenerlos firmemente; es respetarte a ti mismo y no permitir que el otro transgreda aquellos que consideras tus derechos personales; es tener tanta confianza en ti mismo y en el otro, que sin temor a que la relación se perjudique, te sientas en libertad de expresar tu enojo sin ofender al ser querido, y puedas manifestar lo que te molesta e incomoda sin intentar herirlo o lastimarlo. Es reconocer y respetar sus limitaciones y verlo con aprecio sin idealizarlo; es compartir y disfrutar de los acuerdos y aceptar los desacuerdos, y si llegase un día en el que evidentemente los caminos divergieran sin remedio, amar es ser capaz de despedirte en paz y en armonía, de tal manera que ambos se recuerden con gratitud por los tesoros compartidos.

Amar a un ser humano es ir más allá de su individualidad como persona; es percibirlo y valorarlo como una muestra de la humanidad entera, como una expresión del hombre, como una manifestación palpable de esa esencia trascendente e intangible llamada "ser humano", de la cual tú formas parte; es reconocer, a través de él, el milagro indescriptible de la naturaleza humana, que es tu propia naturaleza, con toda su grandeza y sus limitaciones; apreciar tanto las facetas luminosas y radiantes de la humanidad, como sus lados oscuros y sombríos; amar a un ser humano, en realidad, es amar al ser humano en su totalidad; es amar la auténtica naturaleza humana, tal como es, y por tanto, es amarte a ti mismo y sentirte orgulloso de ser una nota en la sinfonía de este mundo.

jueves, 18 de junio de 2009

ES NECESARIO CONFIAR


La verdadera grandeza de todos es la capacidad que tenemos de actuar, trabajar desde el amor y la confianza y no desde el miedo. En la confianza se apoyan todos los otros valores del ser humano: disciplina, generosidad, solidaridad, cooperación, flexibilidad, paciencia, tolerancia. Suena extraño que en tiempos de tanta violencia, agresión, violación de derechos, injusticia en general, que ante una "realidad atemorizante" se hable de confiar. Creo sin lugar a dudas, que es la única manera de deshacer la trampa que como supuesta defensa hemos armado. Todo ataque, contraataque o: "ataco primero antes de que me hieran", es una defensa desde el miedo y el miedo es una emoción, basada en la idea falsa de separación.

El creerse separado genera sentimientos de soledad y la soledad te hace sentir inseguro. Es como si dijeras: "Si me dejaron solo es porque no soy suficientemente bueno y mucho menos merecedor de algo".

La situación es, que al sentirnos menos y por supuesto con miedo, vulnerables, la mente opera de dos maneras, por un lado, tratando de mostrar permanentemente una imagen de superioridad en algún aspecto: el más bueno, el más inteligente, el más alegre -se hacen infinitas las personalidades infladas, siempre competitivas con sus cargas de agresividad- y por el otro lado, proyectando en los demás la propia culpa, es decir, los otros son los que me hacen daño. Desde esa perspectiva errada, fragmentada de la realidad no hay paz posible.

Todos estamos atrapados en la misma trampa y por esto se hace necesario partir del reconocimiento de lo que somos verdaderamente. No somos ni "más que", ni "menos que" nadie y no caben las comparaciones. El ser es completo, íntegro, sólo que al actuar desde el miedo se siente incapaz, poca cosa. La paz tiene que comenzar en uno mismo, en restablecer la confianza en nuestro ser y desde ahí extenderse a todo el mundo. Literalmente para todo el mundo la confianza no puede ser limitada, porque no habría paz, o confías o tienes miedo y con miedo no hay tranquilidad posible.

Debe darse un proceso de restablecimiento de la confianza en el ser humano, en donde el objetivo fundamental de unión se armonice con los medios reales para alcanzarla y esos medios que podemos utilizar se refieren a un trabajo personal profundo de conocimiento de tí mismo, de comprensión de los mecanismos de la mente, de descubrimiento del verdadero ser.

¿Cómo transmitir valores de cooperación, solidaridad, honestidad, integridad, desde nuestros sentimientos de inferioridad?

De nada sirve que intentemos actuar congruentemente con nuestros pensamientos más altruistas si no desarrollamos la confianza en nosotros mismos, y la extendemos a los demás.

La verdadera grandeza de todos es la capacidad que tenemos de actuar, trabajar desde el amor y la confianza y no desde el miedo. Si confiamos en nuestra capacidad creadora, trabajando en lo que nos gusta, descubriremos una inteligencia infinita.

En la confianza se apoyan todos los otros valores del ser humano: disciplina, generosidad, solidaridad, cooperación, flexibilidad, paciencia, tolerancia.

Así que la condición indispensable para estar en paz es la autovaloración; reconocer en nuestro interior la verdadera riqueza y no vivir, por el contrario, en una actitud de ataque-defensa contra los semejantes.

viernes, 5 de junio de 2009

EL SER

Es el diario ir y venir de la cotidianidad, la rutina mental de la que no sabemos escapar, el deseo de la utópica estabilidad de por si inexistente, que nos trae como consecuencia el actuar constantemente en contra de nosotros mismos.

Es como una obsesión el ser alguien en la vida, (como si ya no lo fuéramos al nacer), de remontar las olas y las cúspides de la existencia buscando ese reconocimiento del éxito, de ese éxito de lograr no se que cosa, porque muchos no saben ni lo que quieren, pero en definitiva, tratando sobretodo de vivir, aunque tal vez no se sepa la esencia de la palabra.

Vivir o sobrevivir?, en eso se ha convertido nuestro dilema diario. La sociedad nos lleva a una lucha invariable por mantenernos vivos y no es que le otorgue la responsabilidad a la sociedad, la cual fue hecha por nosotros , pero es ella quien de una u otra forma nos exige ser como en realidad no somos, aparentar lo que creemos que debe ser en detrimento de nuestra propia identidad. Todos o casi todos tenemos la creencia de que vivir es esto que vemos a diario: trabajar, ganar dinero, tener familia, o un estatus, dormir, comer, viajar, etc.; se nos olvida algo muy importante, solo venimos a existir, a disfrutar de esta existencia, tan solo a eso. Si lo hacemos, a través de una Ley universal poco conocida, todo vendrá naturalmente a nosotros o nos dirá como actuar cuando amerite hacerlo. Y tendremos lo que necesitemos sin tanta lucha, solo requiere de comprenderse un poco a uno mismo, conocer nuestros propios ritmos.

Cada detalle de nuestra vida es digna creación de un virtuoso, cada simpleza que nos rodea es meramente para disfrutarla. Creerán que uno puede deleitarse de las alegrías tanto como de las tristezas?. No son las depresiones ,por ejemplo, las musas mas preciadas de los artistas?. Cuantas creaciones magnánimas fueron hechas en grandes estados de desconsuelo?. El grandioso Universo se manifiesta en cada uno de nuestros estados de ánimo. Cada situación que acontece en nuestra vida es una pincelada más de Dios para construir su gran obra a través de ti. Así que detén un momento tu andar desmesurado. Aquieta un momento tu intranquila mente: escucha el silencio entre los ruidos externos e internos, contempla la inmensidad de la nada. Déjate llevar por la vida que fluye dentro y fuera de ti, tal como si contemplaras el ocaso o algún paraje de inconmensurable belleza.

Descubrirás que no hay adentro ni afuera, todo es un todo, no existe separación de nada, te regocijarás de saber que aquellos contra quienes luchas existen dentro de ti y cesará la discordia, la competencia, entonces dejarás de pugnar contra ti mismo. Te engrandecerás al saber que lo que amas está también en ti y que el amor de tu vida eres tú y gracias a eso puedes amar a los demás que a la vez forman parte de ese ser que eres. Y lo mas bello de todo, respetarás a tu ser que es a la vez el ser de los otros, pues la misma esencia se encuentra en el corazón de cada aparente individuo.

miércoles, 20 de mayo de 2009

EL JUZGAR


No puedo emitir juicio acerca de alguien, por tan sólo haber observado ciertas reacciones en él. A veces actuamos impulsivamente, producto de nuestras ansiedades, sin conectar el sentir con la razón. Quizá nunca podré saber, qué llevó a una persona a realizar tal o cual acto, pues como nunca he calzado sus zapatos, es difícil imaginar la perspectiva con que asumía esas situaciones. Y es que no es fácil ponerse en el lugar de los demás, sin embargo no imposible; la costumbre ha hecho que generalmente vea al mundo desde mi ángulo, mis vivencias, mis experiencias, mis inquietudes, mis miedos, todos ellos han logrado que encauce el panorama de mi vida hacia la creencia de que: "según lo que viví, así es"; pero algo no tomo en cuenta en esta premisa y es que las experiencias y vivencias, inquietudes y miedos de otras personas pueden ser diferentes a las mías.


Ahora bien, cuando logro trascender mi propio ego (mis vivencias, mis experiencias, mis inquietudes, miedos, etc.), es que logro ese proceso de despersonalización, que conlleva a colocarme en el lugar de los demás para intentar comprenderlos. Era lo que El Maestro Jesús decía en la cruz: "Perdónalos, porque no saben lo que hacen". Realmente El podía colocarse en el lugar de los demás y comprenderlos, cosa que nuestro ego no permite y que sin embargo, como El mismo dijo: "Todo lo que Yo haga, ustedes podrán hacerlo ".

Francisco de Asís en una de sus más grandes obras, según mi criterio, afirmó: "Que no busque yo ser comprendido sino comprender...", él también conocía el real objetivo del ser humano en la vida, que consiste en comprender para poder expandir la consciencia, la cual pertenece aunque no nos demos cuenta, a la Gran Consciencia Cósmica. Así que mientras más comprendamos, estaremos acercándonos hacia el retorno de nuestro origen. Para ilustrar mejor esta última afirmación y profundizar en ella, pongamos atención (trascendiendo el significado de las palabras) a lo siguiente:

"Hubo un tiempo en que mi Padre y Yo éramos uno, me separé de El para comprender otros ámbitos y espacios más allá de mis experiencias; ahora busco retornar a lo que fui, y que aunque nunca he dejado de serlo, todavía no comprendo; Mi Respiración, constantemente me recuerda eso".

miércoles, 29 de abril de 2009

EL PERDON SOLO ES PARA TI


Pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos. Realmente siempre nos perdonamos a nosotros mismos a través de los otros.

El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo. No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes.

Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo.

El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó. Sólo después de la real aceptación viene la comprensión de los procesos y por ende la liberación y sanación de los mismos.

La falta de perdón te ata a las personas desde el resentimiento. Te tiene encadenado a ellas sin darte cuenta. La falta de perdón es el veneno más destructivo para el espíritu ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes. Vives para tu resentimiento, no para ti mismo.

El perdón es una declaración que puedes renovar a diario. La persona más importante a la que hay que perdonar es a ti mismo por todas las cosas que no fueron de la manera que pensabas. Por las idealizaciones que tuviste, por las exigencias que demostraste. Intenta ver más allá de lo que ocurrió y comprenderás el mensaje que el Universo tenía para ti, para que aprendieras, para que te fortalecieras.

"La declaración del Perdón es la clave para liberarte. Desde adentro, de verdad, desde lo más profundo de ti”.
¿Con qué personas estás resentido?
¿A quiénes no puedes perdonar?
¿Tú eres infalible y por eso no puedes perdonar los errores ajenos?
"Perdona para que puedas ser perdonado"
"Recuerda que con la vara que mides, serás medido..."

La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario dosificado, pero que finalmente nos termina envenenando.

martes, 7 de abril de 2009

LA PIEZA FALTANTE

Narra la historia de una rueda a la que le faltaba un pedazo, pues habían cortado de ella un trozo triangular. La rueda quería estar completa, sin que le faltara nada, así que se fue a buscar la pieza que había perdido.

Pero como estaba incompleta y sólo podía rodar muy despacio, reparó en las bellas flores que había en el camino; charló con los gusanos y disfrutó de los rayos del sol. Encontró montones de piezas, pero ninguna era la que le faltaba, así que las hizo a un lado y prosiguió su búsqueda.
Un día halló una pieza que le venía perfectamente. Entonces se puso muy contenta, pues ya estaba completa, sin que nada le faltara. Se colocó el fragmento en el cuerpo y empezó a rodar. Volvió a ser una rueda perfecta que podía rodar con mucha rapidez...Tan rápidamente, que no veía las flores ni charlaba con los gusanos . Cuando se dio cuenta de lo diferente que parecía el mundo cuando rodaba tan a prisa, se detuvo, dejó en la orilla del camino el pedazo que había encontrado y se alejó rodando lentamente.

La moraleja de este cuento, es que, por alguna razón, nos sentimos más completos cuando nos falta algo. El hombre que lo tiene todo es un hombre pobre en ciertos aspectos: nunca sabrá qué se siente anhelar, tener esperanzas, nutrir el alma con el sueño de algo mejor; ni tampoco conocerá la experiencia de recibir de alguien que lo ama lo que siempre había deseado y no tenía.
Hay integridad en la persona que acepta sus limitaciones y tiene el suficiente coraje para renunciar a sus sueños inalcanzables sin considerar que por eso ha fracasado. Hay entereza en quien ha aprendido que es lo bastante fuerte para sufrir una tragedia y sobrevivir, que puede perder a un ser querido y aun así sentirse completo. Ha atravesado por la peor experiencia y salido indemne.
Cuando aceptemos que la imperfección es parte de la condición humana y sigamos rodando por la vida sin renunciar a disfrutarla, habremos alcanzado una integridad a la que otros sólo aspiran. Eso, creo yo, es lo que Dios nos pide: no que seamos perfectos ni que nunca cometamos errores. Sino que seamos íntegros. Y, finalmente, si tenemos suficiente valor para amar, compasión para perdonar, generosidad para alegrarnos con la felicidad ajena y sabiduría para reconocer que hay AMOR de sobra para todo el mundo, entonces podremos alcanzar una satisfacción que nunca otra criatura viviente tendrá jamás.